En un tiempo que sólo existe en mi memoria
habitaba en mi corazón un espíritu ligero,
era una de esas almas alabadas por los lisonjeros,
de esas que a diario reciben besos ajenos y glorias.
No fui yo la excepción pues todavía quedan huellas,
no sólo en mi corazón,
también en mi fingida amnesia,
también en mi dolor.
No tengo autoridad para difamar,
pues mis olvidados recuerdos basados en su ser
son los más dulces sueños que he podido realizar
y a la vez los más venenosos que procuran mi alma amortecer.
Ni un hechizo proveniente de la luna logrará como esos ojos
robar de ti en un sólo paso la razón,
ni encerrar tu corazón en la laguna
de los sueños imposibles carcomidos por dolor.
Aún deseo que mis ojos sean devorados por un cuervo,
para evitar llorar,
para no ver más recuerdos.
Ya no ronda mis momentos
más sí mi corazón,
aunque no está presente en cuerpo,
está presente en el color;
En el color de los árboles,
en el color de la luna,
en el color de mi sangre
y en los gusanos de la laguna.
Ni mis tantas decepciones
han podido exiliar sus caricias de mi fisonomía,
ni su boca de la mia.
Al tomar un vino seco,
al observar el cielo,
mi amnesia ha de mentir
y llevarme al día primero.
Así termina la historia
sin estructura narrativa,
sin hipérboles ni litotes,
sin sucesión alguna y sin orden,
sin principio ni fin,
sin nombres;
porque ya no sé lo que está mal ni bien,
no distingo el pasado del futuro,
Sólo deseo ocultarme en el castillo de Bellver,
y olvidar el insomnio de mi estado infortunio.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados